Carlos Víctor Martinazzo se fue a los 75 años, pero lo que dejó no tiene precio. Fue el fundador de la parrillada Bigotes, un lugar que marcó a generaciones de sanjuaninos desde que abrió sus puertas en 1989 hasta que cerró a principios de 2024. Más que un restaurante, fue un punto de encuentro.
Pero lo que muchos no saben es que Martinazzo usó ese negocio como una herramienta social. Durante más de 30 años, él y su familia alimentaron a unos 300 chicos por mes de sectores vulnerables. Y en algunas ocasiones especiales llegó a organizar comidas masivas para 10.000 niños en un estadio.
También venía de una familia de campeones: dos de sus hermanos formaron parte del seleccionado argentino de hockey sobre patines que ganó el Mundial de 1978. Él mismo fue entrenador en el club Estudiantil y formó a varias generaciones de deportistas.
San Juan despide a alguien que entendió que la comida es también una forma de cuidar a los demás. Un tipo que hizo mucho más de lo que se puede contar en un resumen.
Fuente: Tiempo de San Juan



