La investigación es contundente: el ejercicio físico regular es el hábito más efectivo para reducir el riesgo de demencia y Alzheimer. No es una opinión ni una tendencia de bienestar: es lo que la ciencia viene demostrando con cada vez más solidez. La nueva evidencia muestra además por qué funciona a nivel biológico, y la respuesta está en el hígado.
Cuando hacemos ejercicio, el hígado libera proteínas específicas —entre ellas la GPLD1— que viajan a través del torrente sanguíneo y llegan al cerebro. Una vez ahí, estas proteínas estimulan la generación de nuevas neuronas, fortalecen la barrera hematoencefálica (que protege el cerebro de sustancias dañinas) y mejoran la función cognitiva general. Es, básicamente, un mecanismo de limpieza y regeneración cerebral que se activa con el movimiento.
Lo mejor es que no se necesitan horas de gimnasio intensivo para obtener estos beneficios. Los estudios sugieren que la clave está en la regularidad: moverse todos los días, aunque sea durante 30 minutos a paso rápido, genera efectos mensurables sobre la salud cerebral a largo plazo.
La pastilla que todos buscan para el cerebro ya existe. Se llama ejercicio.
Fuente: Los Andes



