El conflicto en Medio Oriente no solo afecta a quienes están en la zona: el petróleo rozando los US$100 el barril puso en aprietos a economías dependientes de la importación energética. Turquía es una de las más afectadas, y el banco central turco está evaluando vender parte de sus reservas de oro para estabilizar la lira, que lleva meses en caída libre.
No es cualquier cantidad de oro: Turquía tiene acumulados alrededor de US$135.000 millones en reservas áureas, de los cuales unos US$30.000 millones están depositados en el Banco de Inglaterra. Usar esa reserva para intervenir en el mercado cambiario es la opción que el gobierno de Erdogan tiene sobre la mesa.
El problema de fondo es estructural: la inflación turca sigue en torno al 31% anual y la economía sufre por la dependencia energética. Cuando el petróleo sube, todo se complica. La analogía popular que usa el propio gobierno —”vender las joyas de la abuela”— resume bien el dilema: es un recurso extremo que nadie quiere usar pero que puede ser necesario.
Para Argentina, que también importa energía, la situación de Turquía es un espejo incómodo de lo que puede pasar cuando los precios del crudo se disparan.
Fuente: MDZ



