La obra más importante del agua en San Juan está en el centro de un escándalo mayúsculo. Un informe técnico encargado por OSSE y certificado por Bureau Veritas determinó que las cañerías instaladas en el Acueducto Gran Tulum no son aptas para el transporte de agua potable.
La consultora Interacción concluyó que las tuberías de la empresa alemana Krah “aplican para desagüe pluviales y cloacales” y que están “fabricadas con insumos no aptos para el consumo humano”. En síntesis: los caños pueden liberar sustancias tóxicas hacia el agua.
La obra se financia con un crédito de 100 millones de dólares del gobierno de Kuwait. La empresa Krah, cuyo apoderado era Gustavo Monti —primo del exgobernador Uñac—, ganó dos licitaciones por unos 1.300 millones de pesos. OSSE ya contrató al INTI para confirmar el diagnóstico.
Si se verifica, habría que retirar todos los caños mientras los pagos del crédito kuwaití siguen corriendo. La investigación fiscal tiene más de 100 cajas de documentación como evidencia.
¿Cómo pudo una obra de infraestructura tan crítica para la provincia llegar a este punto sin que nadie lo detectara antes?



