La megaventa global impulsada por Unilever dejó en el aire el futuro de su planta de alimentos ubicada en Mendoza. La operación, que forma parte de una reestructuración estratégica de la multinacional a nivel mundial, pone en cuestión qué pasará con las instalaciones locales y, principalmente, con los trabajadores que dependen de ellas.
La planta mendocina forma parte de la división que la empresa puso en venta como parte de su proceso de desinversión en determinadas categorías de productos. La definición sobre el nuevo propietario y los planes que este tenga para el establecimiento local es lo que más preocupa tanto a los empleados como a los gremios que los representan.
Los directivos locales de Unilever no se han pronunciado aún sobre el impacto específico de la transacción en la operación mendocina. La situación requiere seguimiento ya que cualquier decisión corporativa que se tome afectará directamente el empleo y la dinámica productiva de una empresa con larga presencia en la provincia.
Fuente: Los Andes



