El 29 de octubre Gemma Álvarez hubiera cumplido 35 años. No va a ser así. Desde el 30 de julio, cuando fue asesinada en La Costanera de Chimbas, su familia vive con una ausencia que no cierra. Pero ese cumpleaños no va a pasar en silencio.
Sus seres queridos planean encender velas frente a Tribunales ese día, un gesto cargado de simbolismo para mantener vivo el reclamo de máxima condena para el imputado, Matías Exequiel Marín, ex pareja de Gemma, que hoy cumple prisión preventiva en el Penal de Chimbas.
Marín fue imputado por homicidio doblemente agravado —por el vínculo y por mediar violencia de género. La causa avanza bajo investigación, pero la familia no afloja: quieren que la pena sea la más alta posible. Semanas antes del crimen, Gemma había presentado una denuncia por violencia de género contra él, un antecedente que sacudió a la provincia cuando se conoció.
Detrás del expediente hay una historia concreta. Gemma era madre de una nena de 11 años que quedó sin ninguno de sus dos padres a raíz del femicidio. Había conseguido trabajo hacía poco. Su madre, Griselda Álvarez, hoy cría a su nieta y lleva adelante una lucha cotidiana que mezcla el duelo con las responsabilidades de todos los días.
Griselda no está sola. Encontró apoyo en la asociación Familias Unidas por el Dolor del Femicidio, un espacio integrado por madres y familiares que atravesaron pérdidas similares. También recibió solidaridad de la comunidad: semanas después del crimen, allegados organizaron una colecta para ayudar a la familia a cubrir los gastos que dejó la muerte de Gemma —otra de las consecuencias invisibles que estos crímenes generan.
El 29 de octubre, las velas frente a Tribunales van a recordar que detrás de cada causa judicial hay una familia que tuvo que aprender a vivir con un hueco que nadie eligió. Y que ningún femicidio puede borrar la historia de quien ya no está.
Fuente: Tiempo de San Juan · 26 de octubre de 2026
Fuente: Tiempo de San Juan