La carne vacuna, símbolo casi religioso de la mesa argentina, se está convirtiendo en un lujo para muchos hogares. Las estimaciones del sector cárnico son contundentes: el consumo interno podría cerrar 2025 en torno a los 43 kilos por habitante al año, el registro más bajo en dos décadas.
El número no es casualidad. El precio del asado, la milanesa y el resto del mostrador vacuno acumuló un incremento de casi el 70% interanual, muy por encima de lo que los salarios pudieron recuperar. El resultado es predecible: menos carne en el changuito y más pollo o cerdo como alternativa.
Lo que llama la atención es la foto completa del sector: mientras el consumidor local aprieta el cinturón, las exportaciones de carne argentina están en niveles récord. La demanda internacional —especialmente de China y otros mercados asiáticos— y la competitividad cambiaria empujaron las ventas al exterior a máximos históricos.
Esa combinación —más carne que sale del país, menos carne que llega a la mesa local— no es nueva, pero nunca había sido tan marcada. Especialistas del sector advierten que el negocio exportador está ganando peso estructural frente a un mercado interno que pierde capacidad de compra año tras año.
En las carnicerías y supermercados de San Juan, la tendencia se siente. Los comerciantes reportan caídas en el volumen de ventas y clientes que achican los cortes o directamente migran a otras proteínas. El asado del domingo se está convirtiendo en una excepción, no en la regla.
La pregunta que queda flotando es si esto es una crisis coyuntural o el inicio de un cambio permanente en los hábitos alimentarios de los argentinos. Por ahora, los números apuntan a lo segundo.
Fuente: Diario de Cuyo · 24 de mayo de 2026
Imagen generada por IA
Fuente: Diario de Cuyo