Mateo Valente tiene 18 años, síndrome de Down, y más determinación que la mayoría de la gente. Cuando la escuela decidió que “ya no aprendía más” y lo trasladaron a una modalidad especial —sin consultarle— Mateo no aceptó. Esperó a cumplir la mayoría de edad y fue al Tribunal de Familia a pelear por su derecho a estar en la escuela común.
Y ganó.
Mateo había cursado desde tercer grado de primaria hasta cuarto año de secundaria en instituciones comunes con adaptaciones curriculares. En 2024 una maestra de apoyo recomendó su traslado a educación especial. Nadie le preguntó a él qué quería. El Tribunal de Familia N.º 6 de San Martín avaló la medida.
En 2025, Mateo llegó a la audiencia con su abogado José María Martocci y con organizaciones de derechos humanos. Habló personalmente ante el juez. Dijo que quería estar con sus compañeros y terminar la escuela como cualquiera. Los especialistas confirmaron que su decisión era genuina. El 8 de octubre, el juez revocó el traslado.
Hoy Mateo cursa quinto año en la Escuela Gabriela Mistral en Los Polvorines. Además de estudiar, juega futsal en Platense e integra la selección argentina de síndrome de Down. Le escribió una carta al juez: “Estoy muy feliz que al fin vuelvo a la escuela común para poder tener mi título secundario.”
Una historia para acordarse cuándo se dice que alguien “ya no aprende más”.



