Un estudio publicado en 2026 analizó más de 174 mil gatos de 88 países y llegó a una conclusión que vale la pena conocer: los animales con acceso libre al exterior tienen tres veces más probabilidades de portar patógenos que pueden pasarse a las personas, comparado con los que viven adentro del hogar.
El trabajo revisó 604 investigaciones y 124 especies de patógenos. No mide cuántas personas se enferman por contacto con gatos, pero sí deja claro que el acceso sin control al exterior aumenta el riesgo de que los animales se infecten y contaminen los espacios que comparten con nosotros.
El parásito que está en la tierra del parque
Uno de los más preocupantes es Toxocara, un gusano intestinal que llega al suelo a través de las heces de gatos infectados. Las personas pueden ingerirlo sin darse cuenta: basta con tocar tierra o arena contaminada y llevarse las manos a la boca.
Los niños son los más vulnerables, justamente porque juegan en patios, plazas y areneros. En casos graves, las larvas pueden afectar órganos internos o incluso los ojos.
Un estudio de Nueva York (2026) analizó 87 gatos callejeros incluidos en programas de captura y esterilización. El resultado fue contundente: el 57,5% tenía al menos un parásito intestinal con potencial zoonótico, y el 54% presentaba Toxocara.
La toxoplasmosis no viene solo de los gatos
Otro nombre que aparece seguido en este tema es Toxoplasma gondii, el parásito detrás de la toxoplasmosis. Los gatos pueden eliminarlo en sus heces después de una infección reciente, pero atribuirle todos los casos al contacto con felinos es un error.
Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), el parásito también se transmite por:
- Frutas y verduras mal lavadas
- Carne poco cocida
- Agua contaminada
- De madre a hijo durante el embarazo
Las embarazadas y personas con el sistema inmune comprometido deben tomar precauciones extra. Los CDC recomiendan que, si es posible, otra persona limpie la caja de arena.
Qué hacer (y qué no exagerar)
Tener un gato en casa no es, por sí solo, un riesgo. Lo que importa es el estado sanitario del animal, si sale sin supervisión y si tiene atención veterinaria regular.
Para los gatos callejeros, los expertos señalan que los programas de esterilización no alcanzan: también hay que incluir desparasitación, identificación y monitoreo sanitario, especialmente en zonas cercanas a escuelas, parques y espacios de juego infantil.
La próxima vez que los chicos jueguen en la plaza, no está de más revisar que el arenero esté limpio.
Fuente: Infobae · 3 de noviembre de 2026
Fuente: Infobae