El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que su país “destruyó y hundió nueve barcos de la Marina iraní” durante el ataque masivo del sábado contra el régimen persa. Además, afirmó que fue “destruido en gran medida” el cuartel general naval de Irán, en lo que describió como parte de una ofensiva de gran escala.
Según publicó el propio mandatario en Truth Social, las embarcaciones —“algunas relativamente grandes e importantes”— quedaron fuera de combate. Entre ellas, el Mando Central de Estados Unidos confirmó que una corbeta clase Jamaran fue atacada y se está hundiendo en el golfo de Omán, en el muelle de Chah Bahar, en el inicio de la Operación Epic Fury.
Ataques en curso y diálogo abierto
Pese a la escalada, Trump sostuvo que aceptó hablar con dirigentes iraníes, aunque reconoció que “la mayoría” de quienes participaban en negociaciones previas murieron en los bombardeos del sábado. “Ellos quieren hablar, y yo he aceptado hablar”, dijo en una entrevista con The Atlantic, sin precisar fechas ni interlocutores.
Las declaraciones se conocieron poco antes de que el Pentágono confirmara tres militares estadounidenses muertos y cinco heridos graves como primeras bajas propias de la campaña. En paralelo, Israel lanzó nuevos bombardeos sobre Teherán y los Guardianes de la Revolución respondieron con al menos ocho oleadas de misiles y drones.
En Israel, el saldo asciende a al menos diez muertos, incluidos nueve en Beit Shemesh, en el ataque más mortífero desde el inicio del conflicto. Mientras tanto, Trump relativizó el posible impacto económico de la crisis y sostuvo que el alza del petróleo pudo haber sido mayor. Con el frente militar activo y un eventual canal diplomático en ciernes, la pregunta que queda abierta es cómo evolucionará un conflicto que ya dejó consecuencias concretas en ambos frentes.



