El cruce de la cordillera en 1817 no fue solo una hazaña militar: abrió el camino para la independencia de Chile. Al frente del Ejército de los Andes, José de San Martín avanzó junto a Bernardo O’Higgins y consolidó victorias decisivas como Chacabuco (12 de febrero de 1817) y Maipú (5 de abril de 1818), asegurando la soberanía chilena antes de proyectar la campaña hacia el Perú.
Tras reunirse el 8 de febrero en Curimón, las fuerzas patriotas enfrentaron al coronel Rafael Maroto en Chacabuco. Los realistas dejaron 500 muertos y 600 prisioneros, mientras que los patriotas registraron 12 bajas. El gobernador Casimiro Marcó del Pont huyó, pero fue capturado por el capitán José Félix Aldao. Días después, un cabildo abierto ofreció a San Martín el cargo de director supremo, que rechazó para evitar sospechas sobre la autonomía chilena. El puesto quedó en manos de O’Higgins.
El proceso no fue lineal. El 19 de marzo de 1818, en Cancha Rayada, el Ejército Unido fue sorprendido en una maniobra nocturna y sufrió una derrota que generó confusión y desmoralización en Santiago. Los españoles perdieron 300 hombres y los patriotas 120, pero conservaron el campo y capturaron armamento. En apenas quince días, San Martín reorganizó unos 8000 hombres en las afueras de Talca y esperó al enemigo en los llanos del río Maipo.
Maipú y el abrazo que selló la campaña
La victoria en Maipú fue contundente: el ejército realista dejó 2000 muertos y cerca de 2500 prisioneros, además de todo su material de guerra. O’Higgins, herido en Cancha Rayada, llegó tras la batalla y abrazó a San Martín, llamándolo “Salvador de Chile”. El parte fue breve y categórico: “La patria es libre, abril de 1818”. El gobierno chileno intentó premiarlo con una vajilla de plata y 6000 pesos, pero el general rechazó ambos obsequios.
El 20 de septiembre de 1821, O’Higgins lo nombró Capitán General del Ejército de Chile. Con el camino marítimo hacia Lima abierto, comenzó la formación de una escuadra con barcos capturados y otros adquiridos en Estados Unidos e Inglaterra, bajo el mando de Manuel Blanco Encalada y luego de lord Cochrane. Así, la campaña se proyectó más allá de los Andes. A más de dos siglos, la figura compartida de San Martín y O’Higgins sigue planteando un lazo histórico entre Argentina y Chile que trasciende la cordillera.



