La novela de los viajes de Manuel Adorni encontró un nuevo capítulo: la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA) abrió un expediente para analizar si hubo uso indebido de recursos estatales. El escándalo ya está en manos de la Justicia.
El primero de los viajes comprometidos involucra a su esposa Bettina Angeletti, que viajó en el avión presidencial a Nueva York. El segundo es más jugoso todavía: un traslado familiar a Punta del Este en pleno feriado de carnaval, a bordo de un avión privado que mínimo costó 4.000 dólares.
Adorni insiste en que todo fue de su bolsillo: “me lo pagué todo yo, de punta a punta” y aseguró que se alojó en la casa de un amigo. En el vuelo viajaron su esposa, dos menores y el periodista Marcelo Grandio de TV Pública.
Pero la Justicia no se conforma con esas explicaciones. Múltiples denuncias llegaron ante la Cámara Federal, incluyendo una del abogado Gregorio Dalbón y otra de la diputada Marcela Pagano. El problema es que Adorni mismo había criticado públicamente ese tipo de privilegios antes de llegar al poder.
¿Lo que antes era malo ahora está bien porque lo hace él?



