Con apenas 21 años, Dolores Oliverio se convirtió en la protagonista de La Virgen de la Tosquera (2025), la película dirigida por Laura Casabé que adapta los cuentos El Carrito y La Virgen de la Tosquera de Mariana Enriquez. El filme, que pasó por festivales como Sundance y Sitges y ganó el premio mayor en el BAFICI 2025, pone el foco en una adolescente atravesada por la crisis de 2001.
En la historia, Oliverio interpreta a Natalia, una joven que vive con su abuela —a la que señalan como bruja— en Ituzaingó, provincia de Buenos Aires, luego de que su madre emigrara a España en plena crisis económica. La construcción del personaje tomó referencias de The Witch y de Carrie, de Stephen King, y no tardó en despertar comparaciones: algunos espectadores la definieron como “una Carrie del conurbano”.
Del estudio de danza al protagónico
La actriz llegó al proyecto a través de un casting abierto cuando tenía 18 años. Formada en danza en la escuela de Flavio Mendoza, fue su primera audición con texto y, tras varias pruebas, quedó seleccionada para el papel principal. Antes del rodaje no conocía la obra de Enriquez y leyó los cuentos originales recién después de terminar la filmación, trabajando hasta entonces únicamente con el guion adaptado.
El rodaje se realizó durante un mes en Mendoza e incluyó escenas de intimidad, para las cuales se redujo al mínimo el equipo en el set. Entre los desafíos, Oliverio destacó una escena de grito en una terraza y una llamada telefónica de alta carga emocional, que preparó con un coach. El impacto fue tal que su propia madre le confesó que al verla en el cine “le dio miedo”, mientras otros conocidos le señalaron que casi no la reconocieron en pantalla.
Nacida y criada en Villa Urquiza, hija de una profesora de inglés y un camionero, comenzó a formarse en danza a los 15 años y trabajó en espectáculos infantiles del circuito porteño. Hoy combina clases y proyectos vinculados al baile con nuevos trabajos actorales. Está representada por una agencia con proyección internacional y realiza castings en el exterior, aunque reconoce que el mercado es competitivo y exige dominio nativo del inglés.
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