Irán lleva más de diez días sin Internet. El gobierno iraní mantiene un apagón digital de más de 240 horas que la organización Netblocks calificó como uno de los cortes más severos registrados en la historia mundial.
El bloqueo comenzó con el inicio del conflicto y tiene un objetivo claro: controlar el flujo de información. Sin acceso a redes sociales, mensajería instantánea ni plataformas de noticias, la población iraní queda aislada tanto del mundo como de lo que pasa dentro del propio país.
Netblocks —la asociación internacional de vigilancia de ciberseguridad que monitorea este tipo de situaciones globalmente— publicó los datos en sus redes y confirmó que solo fue superado por el corte registrado durante las protestas de enero, cuando el régimen también apagó la red para suprimir la organización de manifestantes.
“Uno de los más severos a nivel mundial” e “histórico para Irán”, son las palabras que usaron para describir la situación. Mientras el mundo debate sobre la guerra en los titulares, los iraníos de a pie no pueden saber qué está pasando en su propio país.
Una guerra no solo se pelea con misiles. El control de la información es otra de las armas. Y el régimen de Irán sabe usarla.



