José Antonio Kast asumió la presidencia de Chile y al día siguiente ya firmaba decretos. Sin demoras, sin discursos vacíos: su primera medida fue lanzar el plan “Frontera Blindada”, una iniciativa de seguridad migratoria que apunta directamente a los 337.000 indocumentados en el país, con foco especial en los cruces ilegales desde Bolivia.
El operativo es concreto: muros de tres metros de altura, zanjas, alambrados perimetrales y torres de vigilancia en los puntos más vulnerables del norte chileno. En las regiones de Arica, Tarapacá y Antofagasta van a desplegarse 3.000 efectivos entre militares y policías de manera permanente. Los pasos de Colchane y Chacalluta, por donde pasan miles de migrantes irregulares, son prioridad máxima.
La tecnología también va a la frontera: drones, cámaras térmicas y sistemas biométricos para rastrear y registrar a quien intente cruzar. Kast nombró a Alberto Soto Valenzuela como comisionado especial para el norte, con poder real para coordinar la respuesta.
Chile comparte frontera con San Juan por la cordillera. El impacto de esta política en los flujos migratorios y en las relaciones bilaterales ya es tema de conversación en la región. Milei, que estuvo en la asunción, aplaudió la medida.



