El mundo del fútbol africano explotó. La Confederación Africana de Fútbol (CAF) le quitó a Senegal el título de campeón de la Copa Africana de Naciones y declaró a Marruecos como el nuevo ganador del torneo. Una decisión que nadie esperaba y que se armó en las últimas horas.
El trasfondo es tremendo. En la final, los jugadores senegaleses se enojaron con el arbitraje y abandonaron el estadio durante 30 minutos. Aunque finalmente volvieron y ganaron el partido por 1-0, la CAF consideró que esa actitud fue suficiente para quitarles el trofeo.
Senegal no piensa quedarse callado. La Federación Senegalesa de Fútbol (FSF) ya confirmó que va a apelar ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS). Su secretario general, Abdoulaye Sow, denunció que “la CAF es corrupta” y que el procedimiento estuvo “plagado de graves irregularidades”.
“La copa no saldrá del país. La ley está del lado de Senegal”, fue la frase contundente de la FSF. La pelota ahora está en el TAS.
¿Puede el mundo del fútbol permitirse un escándalo de esta magnitud sin que haya consecuencias reales para los que toman estas decisiones?



