Una postal aérea lo dejó en evidencia: el Safari tras las Sierras volvió a convertir a Valle Fértil en un punto de encuentro multitudinario donde la carrera fue apenas una parte del espectáculo. Desde el cielo, el drone mostró familias completas instaladas al costado del camino, con reposeras, gazebos y parrillas encendidas desde temprano, en una escena que mezcló deporte y tradición.
El punto más convocante fue el puente de la Ruta 510, que une la localidad de Usno con San Agustín. Allí se armó una verdadera tribuna popular: el asado chisporroteando, el fernet pasando de mano en mano y los autos levantando barro a toda velocidad, en un ritual que se repite y suma adeptos año tras año.
El otro epicentro fue el predio Coqui Quintana, donde culminó la actividad y la multitud volvió a reunirse para recibir a los protagonistas. La llegada se vivió como una celebración colectiva, con aplausos, encuentros y esa mística fierrera que caracteriza a la competencia.
Las imágenes aéreas reflejaron algo más que una carrera: fierros, humo y pasión vallista en estado puro. El Safari no solo moviliza motores, también transforma el paisaje y fortalece una tradición que reúne a vecinos y visitantes alrededor de una misma emoción.
¿Qué tiene esta competencia que logra paralizar al departamento y convocar a tantas familias a la vera del camino? En Valle Fértil, la respuesta parece estar en esa combinación única de deporte, encuentro y pertenencia.
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