Manuel Alberto García, conocido en San Juan como Tito, tiene 66 años y el celular que no para. Durante la entrevista con Tiempo de San Juan, atendió llamadas, respondió mensajes y cerró temas pendientes sin perder el hilo de la conversación. Esa capacidad de procesar varios negocios al mismo tiempo no es un rasgo nuevo: lo acompaña desde adolescente, cuando cuidaba autos y vendía espuma de carnaval en los bailes para juntar sus primeros pesos.
Con ese dinero abrió una mueblería de usados. Su tío, con experiencia en el rubro, no le dio muchas esperanzas cuando vio el capital disponible. Tito igual arrancó. A los tres meses ya vendía muebles nuevos, y en poco más de un año había comprado un camión y levantado un galpón. Viajaba a Mendoza de día, cargaba mercadería y volvía a San Juan a venderla.
«Las ganas de hacer cosas te llevan a tener cosas. Acá no hay misterios ni secretos», resumió.
El salto más grande llegó con las farmacias. Junto a su esposa María Lucía Manzano, compró la Farmacia Universal en avenida Rawson y Santa Fe, que llegó a tener 40 empleados. Después sumó la Farmacia Central, abrió su propia droguería y siguió expandiéndose. Pero el crecimiento chocó de frente con la realidad argentina.
Durante el gobierno de Carlos Menem, el Estado entró en cesación de pagos y una deuda que el Estado le debía se convirtió en un agujero imposible de tapar. García tenía un pasivo de unos 400.000 dólares y terminó afrontando compromisos por más de tres millones. Vendió bienes para pagar las indemnizaciones de sus empleados y evitó declararse en quiebra.
«Un día nos acostamos ricos con mi señora y nos levantamos pobres», recordó sin dramatismo.
Lejos de bajar los brazos, combinó la farmacia con la venta de muebles en Rodeo e Iglesia durante seis años, hasta que dos preinfartos y la presión arterial por las nubes lo obligaron a frenar. Entonces volvió a San Juan, se metió en la compraventa de autos y camionetas, y empezó a invertir en propiedades que dividía en departamentos para alquilar.
Hoy su base de operaciones es Ferremag, la ferretería que abrió sobre calle Laprida, a metros de Catamarca, en plena pandemia. El nombre viene de sus iniciales: Manuel Alberto García. La abrió un lunes, casi de sorpresa para su propio hijo Manuel, que se enteró el fin de semana que su padre había comprado el local y ya tenía todo listo para arrancar.
Entre las herramientas y los materiales de construcción, Ferremag tiene algo que llama la atención: maples de huevos. Tito los vende a $4.900 el cartón con un margen mínimo. La lógica no es ganar con el huevo sino con lo que viene después.
«El huevo me trae la gente», explicó. Calcula que unos 20 potenciales clientes por día entran al local motivados por esa compra y, una vez adentro, se llevan caramelos, desodorantes, cigarrillos o lo que necesiten de ferretería. Un producto fuera de lugar que funciona como anzuelo comercial.
A sus 66 años, Tito también hace traslados en auto hasta Mendoza, alquila un departamento en la planta alta de su casa familiar —que remodeló durante dos años y equipó con ascensor para personas con movilidad reducida— y sigue mirando propiedades en el mercado. Junto a María Lucía tuvo cinco hijos: Manuel, Alejandro, Francisco, María Lucía y Rodrigo. Algunos siguieron su camino en el comercio.
Su consejo para los comerciantes sanjuaninos no tiene vuelta de hoja: «Si vos tenés una adversidad hoy día, seguí luchándola». Lo dice quien perdió un imperio farmacéutico, sobrevivió dos preinfartos y abrió una ferretería en pandemia.
Fuente: Tiempo de San Juan · 24 de octubre de 2026
Fuente: Tiempo de San Juan